El 17 de octubre de 1919 marcó un antes y un después en la historia de los eventos en Madrid con la inauguración de su primera línea de metro. La capital de España se sumaba así a las grandes ciudades europeas con sistemas de transporte subterráneos, como Londres y París. Este evento no solo transformó la movilidad de los madrileños, sino que también fue un gran paso hacia la modernización de la ciudad.
La inauguración del Metro de Madrid
La idea de construir el metro en Madrid surgió a principios del siglo XX dado el rápido crecimiento de la ciudad y la necesidad de un transporte público eficiente y a la altura del ritmo frenético de la población madrileña.
Fue llevado a cabo por los ingenieros Miguel Otamendi, Carlos Mendoza y Antonio González, quienes presentaron el proyecto en 1913 tras obtener la aprobación del rey Alfonso XIII. Así comenzó todo, la construcción de la primera línea fue en 1917.

La primera línea del Metro de Madrid contaba con 3,5 kilómetros de longitud y ocho estaciones: Cuatro Caminos, Ríos Rosas, Chamberí, Glorieta de Bilbao, Tribunal, Gran Vía (en esa época llamada Red de San Luis) y Sol. Este trayecto, que en la actualidad forma parte de la Línea 1, permitió reducir considerablemente el tiempo de desplazamiento en una ciudad que dependía de tranvías y coches de caballos.
El metro fue inaugurado oficialmente por el rey Alfonso XIII, quien realizó el primer recorrido desde Cuatro Caminos hasta Sol. Sin duda, fue un evento muy celebrado por los madrileños, dado que esto significaba el progreso y la modernidad de la ciudad.
Como consecuencia, la llegada del metro revolucionó el transporte en Madrid. En sus primeros días, el servicio fue un éxito, con más de 50.000 pasajeros. En poco tiempo, se convirtió en el medio de transporte preferido de los ciudadanos.
Con el paso de los años, la red de metro se expandió rápidamente, integrándolo en diferentes barrios de la Capital. Hoy en día, el Metro de Madrid es una de las redes de transporte más extensas y eficientes de Europa, con más de 300 estaciones.
Uno de los aspectos más curiosos de la inauguración del metro fue la primera reacción de la población. Al ser la novedad, muchos madrileños sintieron cierto miedo a bajar al subsuelo, temiendo que los túneles no fueran seguros. Para evitar que esto sucediese, los ingenieros del proyecto realizaron campañas de concienciación y demostraciones sobre la fiabilidad del sistema.
Otra anécdota interesante es que, en la estación de Chamberí dejó de operar en 1966, pero aún se pueden ver carteles publicitarios de la época, convirtiéndola en un verdadero museo. Este espacio, conocido como Andén 0, es hoy una atracción turística que transporta a los visitantes a los inicios del suburbano madrileño.
Hoy en día, el metro sigue siendo el alma del transporte madrileño, conectando a millones de personas cada día. Además, para llegar a nuestros espacios situados la gran mayoría en Gran Vía, es sin duda, una de las mejores opciones.